Ars clostraria, el arte romano de la cerrajería

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Cerraduras en forma de bote, Primera mitad del siglo III, Depósito de Neupotz

La ars clostraria, también conocida como “arte de la cerrajería”, fue ya un oficio independiente en época romana y posterior. Los lujosos candados y cerraduras con forma de bote demuestran que su fabricación no tenía un carácter meramente funcional. Su forma suele ser redonda, aunque en algunos casos es también rectangular y octogonal, y la carcasa es de hierro, hierro con bandas de plata o de bronce, o simplemente de bronce.

El uso previsto para estas cerraduras eran los candados de horquilla, los candados para cadenas y los grilletes de manos y pies. El auténtico know-how se esconde en la ingeniosa mecánica de cierre. Los candados con forma de bote se dividen según sus diferentes mecanismos de cierre: en los cerrojos giratorios con pestillo corredero, la llave alzaba con el giro el resorte de bloqueo. Una vez liberado el pestillo, se empujaba hacia el fondo mientras se seguía girando y se liberaba la clavija de cierre. Para poder sacar la llave de la cerradura, primero tiene que volver a la posición de inicio. El mecanismo del cerrojo giratorio con cierre de resorte es más simple. Cuando la llave se gira 180º, los dientes del paletón enganchan a través de la guarda y empujan el resorte de cierre hacia atrás con el morro. Esto libera el pestillo. Gracias a la presión del resorte, retorna a su posición de cerrado automáticamente cuando se suelta. Si hay que cerrar la cerradura, basta con introducir nuevamente el pestillo en ella y la cerradura se cierra de golpe.

Las 14 cerraduras con forma de bote halladas en el depósito de Neupotz que pueden verse algunas en la exposicion del MARQ, el Tesoro de los Bárbaros, son hasta la fecha, únicas por su cantidad y su estado de conservación. Los dos mecanismos de cierre descritos se han podido comprobar a partir de unas radiografías. Todas las carcasas están hechas con láminas de hierro. Junto a los ejemplares sin adornos también se encuentran otros que tienen hasta tres bandas decorativas de bronce y las cabezas de los remaches molduradas. En comparación con los candados actuales, estas cerraduras sencillas no eran muy fuertes. Debían ejercer más bien un efecto intimidatorio, pues el uso de violencia física producía ruido y podía llamar la atención de los habitantes y vecinos.

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Piezas singulares en un conjunto excepcional

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Vaso de Hagenbach, Cobre-estaño, Segunda mitad del siglo III

Hay tres piezas singulares de vajilla de mesa en la exposicion el Tesoro de los Bárbaros que puede verse en el MARQ de Alicante, que imitan en cada caso, a recipientes de cerámica y todos están fabricados con una técnica similar. Aunque no todos fueron descubiertos en el mismo lugar, su aparición en los depósitos del Rin nos sugiere un área de distribución común en una zona muy devastada por los saqueadores germanos. Es probable que incluso delimite una zona de talleres bien definida.

En el depósito de Hagenbach se encuentran dos vasos poco comunes que imitan los vasos de cerámica de Niederbieber 32/33, cuyo uso estuvo muy extendido especialmente en el siglo III. Según el estado actual de la investigación existen 21 vasos de metal de tipo Niederbieber 32/33. Llama la atención que 16 de ellos se hayan encontrado en el área oeste de Suiza y en la zona contigua del este de Francia. Junto a los dos piezas de Hagenbach, sólo se conocen otras dos piezas descubiertas en el depósito de Burgau (D) y en el de Baâlon an der Maas (F).

La concentración de hallazgos al oeste de Suiza y al este de Francia sugiere que estos recipientes fueron fabricados con mucha probabilidad por metalistas helvéticos y ráuricos. Con ello se obtiene también una indicación sobre el origen de al menos una parte del botín de los germanos encontrado en Hagenbach, junto al Rin. Estas piezas pueden fecharse en el segundo tercio del siglo III.
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Copa de visera, cobre, Primera mitad del siglo III, Depósito de Neupotz

La copa con visera fabricada en aleación de cobre, hallada en el depósito de Neupotz, imita uno de los recipientes de cerámica (variante de la forma Dragendorf 38) más extendidos en el Imperio romano. El área de distribución de la copa no puede acotarse fácilmente: aparecen entre Inglaterra y Suiza, Francia y Hungría. Junto a las piezas fabricadas en aleación de cobre, también se encuentran otras de plata, estaño y madera.

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Copa con pie, cobre, Primera mitad del siglo III, Depósito de Lingenfeld

Las copas con pie de tipo Eggers 110, descubiertas en los depósitos de Hagenbach, Otterstadt-Angelhof y Lingenfeld, también imitaban en su forma a recipientes de cerámica (Gose 227). Además de en los depósitos del Rin, también se encuentran en Holanda, Francia y el antiguo Barbárico germano (Brandenburgo). Las piezas encontradas en Renania-Palatinado fueron fabricadas durante la primera mitad del siglo III d.C.

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De las lujosas mesas romanas a manos bárbaras

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Vajilla de plata, Siglos I-III, Depósito de Neupotz

A través de su expansión territorial, los romanos entraron en contacto con los artículos de lujo del mundo helenístico. Poseer vajillas de gran valor se puso de moda en las casas romanas de mayor nivel, más tarde también en las provincias del norte. Las vajillas de lujo estaban fabricadas en plata o, para dar la impresión de un alto valor, en bronce plateado o estañado.

Los platos de plata o de bronce conforman más de un tercio de la vajilla de mesa encontrada en el depósito de Neupotz. Entre ellos hay cuatro platos de plata, dos de estaño, 28 de bronce estañado y dos platos de bronce sin forrar. El plato de plata más grande, con 45 cm de diámetro, presenta una elaborada decoración de hojas de vid. La pieza está partida por la mitad y en la parte inferior aún se conservan claros restos de los golpes. Se trata de un buen ejemplo de cómo se hacía el reparto del botín, pues para los saqueadores germanos sólo era importante el valor material de los recipientes de plata, no el alto valor artístico del propio recipiente. Se han encontrado piezas similares en el depósito de Lingenfeld y en Brazey-en-Plaine, situado en la región central de Francia. En el depósito de Neupotz hay una gran cantidad de platos de bronce cuyo interior está recubierto de estaño. Tanto la técnica de fabricación como su aspecto parecen muy uniformes, por lo que es probable que en estos casos no se trate de piezas antiguas sino que se hayan fabricado en el siglo III. Los platos recuperados en Neupotz tienen un gran parecido en cuando a forma y decoración con la mayoría de las piezas encontradas en mucha mayor cantidad en Francia, lo que nos indica que se fabricaron en talleres de plata galos.

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Plato de bropnce plateado, Primera mitad del siglo III, Depósito de Neupotz

El carácter representativo es muy importante en lo que se refiere al uso de la vajilla de plata, pues con ella, o con la de bronce osentosamente decorada, se intentaba demostrar que uno podía permitirse tener objetos de gran valor. El antiguo escritor Petronio narra en su Satiricón que el otrora esclavo Trimalción, que ahora nada en la opulencia, da un gran valor a la plata de mesa adornada con escenas mitológicas para ser aceptado en la sociedad. Pero no tenía ni idea de qué trataban ni de por qué eran tan importantes las escenas allí representadas; con la propiedad de piezas de mucho valor él solo quería ganar prestigio en la distinguida sociedad romana.

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El esplendor de Roma antes de la crisis del siglo III

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Detalle de la columna de Igel (reconstrucción). Primera mitad del siglo III

Cuenta Suetonio que Octavio, tras su victoria sobre Cleopatra VII (69 – 30 d.C.), se hizo con los enseres reales y también con la valiosa vajilla de mesa, pero que hizo fundir los recipientes de oro. Como podemos saber por un pasaje de Plutarco, entre ellos se incluyen objetos preciosos de gran antigüedad y valor artístico. ¿Da el vencedor del último de los reinos helenísticos orientales con este hecho una muestra de la mucho más agobiante superioridad moral de Roma y manifiesta así su repugnancia por la pretendida decadencia oriental de la última reina ptolemaica?

Sabemos que el propio Augusto dejó tras de sí un mobiliario muy modesto, que ofrece un contraste manifiesto con aquel del que sus ricos contemporáneos se rodeaban como expresión de un modo de vida refinado. Aquí se puede cerrar un círculo cuyo trazado comienza con el cambio del siglo III al II a.C., como consecuencia del encuentro bélico de Roma con el mundo de los griegos y que, como creía la historiografía romana, supuso el comienzo de la caída del antiguo sistema de valores romano. Realmente se abre para los atacantes, durante los conflictos con las ciudades del sur de Italia y con los sucesores de Alejandro Magno en el Mediterráneo oriental, un mundo de culta superabundancia, que parece un cuento de hadas y que acabará por corromper a los conquistadores, así al menos pensaban los historiadores moralistas.

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Vajilla de mesa de metal, siglos II-III, Depósito de Neupotz

A comienzos del siglo II a.C., la población urbana de Roma fue testigo de una serie de espectaculares desfiles triunfales con botines de obras de arte como estatuas, pinturas y enseres de lujo, de un esplendor nunca antes visto. Costosas vajillas de mesa de metales preciosos, mobiliario exquisito y los más finos tejidos eran parte integrante de los comedores de las cortes de los reyes helenísticos, toda una manifestación de su inconmensurable riqueza y de la extraordinaria importancia sociopolítica del symposion (banquete para beber) en la sociedad griega. El escritor Kallixeinos, quien describe el desfile y los festejos del segundo Ptolomeo (285 – 246 a.C.) en Alejandría durante los años setenta, habla de diferentes recipientes para mezclar, para provisiones y para bebidas, hechos de oro y plata, en cantidades formidables y de enormes dimensiones. Entre otras muchas cosas, pasaron ante la atónita mirada de la población 400 carros cargados con vajillas de plata y otros 20 con vajillas de oro. No ha quedado nada comprobable de esta opulencia de vajillas de metales preciosos, obtenidas como botín en los conflictos con los macedonios, seléucidas y ptolomeos, como tampoco del legado del último rey de Pérgamo, Átalo III (138 – 133 a.C.), quien legó a Roma su reino y toda su fortuna, entre la que se encontraba su vajilla de mesa completa, que se subastó públicamente en el año 132.

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Vajilla de mesa de metal, bronce, siglos II-III, Depósito de Neupotz

En Roma, a finales de la república antigua y comienzos de la media, la posesión de vajillas de plata de metales nobles se contaba entre la de los bienes de lujo, pero además se consideraba excesivo, como volvió a suceder más tarde a ojos de los padres de la iglesia, y llevó ocasionalmente a la discriminación de sus propietarios. Publio Cornelio Rufino, quien detentó en los años 290 y 277 a.C. el alto cargo de cónsul, perdió en 275, a causa de ser el propietario de diez libras de vajilla de mesa de plata (unos 3 kg), con toda probabilidad importada del sur de Italia, incluso su asiento en el Senado. Cuán rara era la plata en Roma todavía en esta época lo muestra una experiencia no posterior de una delegación cartaginesa a la que, según las crónicas, en cada invitación a cenar se les ponía delante el mismo servicio de mesa, al que sin ningún rubor había que acceder por turno. A partir del siglo II a.C., estar en posesión de vajillas de mesa de metales preciosos perdió algo de su exclusividad y en especial de su mala reputación. Pero siguió quedando como algo especial, siempre relacionado con los círculos más prósperos de la sociedad romana, y como una cuestión de prestigio entre ellos.

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Medidas económicas para la crisis del Imperio en el siglo III

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Antoniniano de Heliogábalo, Ceca de Roma años 218-22 d.C., Depósito de Neupotz

La exposición El tesoro de los Bárbaros también no sólo muestra objetos metálicos procedentes de los saqueos en la Galia romana. También se sustrajeron monedas, auténticos tesoros custodiados en las villas y que acabaron formando parte de los tesoros que pueden verse en el MARQ. Estas monedas nos ofrecen una informacion muy interesante de los cambios económicos que los gobiernos abordan para paliar la enorem crisis que se produce durante el siglo III. pero vayamos antes un pcoco más atrás.

En el año 23 a.C., el emperador Augusto (27 a.C. – 14 d.C.) impulsó la reorganización de las amonedaciones romanas, que por entonces contaban ya con unos trescientos años, y con ella de todas las finanzas, que se hallaban en muy mala situación como consecuencia de las turbulencias interiores y exteriores durante la República tardía. La emisión de monedas de bronce en especial cesó durante un largo periodo de tiempo. Como consecuencia de la reforma, se dispuso un sistema monetario en los tres metales: aurum (oro), argentum (plata) y aes (cobre y aleaciones de cobre). En oro se acuñaron el aureus y su mitad, el quinarius aureus (2), en plata el denarius (25) y su mitad, el quinarius (50). La emisión de ases se compone de tres valores nominales de latón (oricalco), el sestertius (100), el dupondius (200) y el semis (800), y de dos de cobre, el as (400) y el quadrans (1600). Todas las monedas se interrelacionan en un patrón de cambio fijo. Las cantidades que aparecen entre paréntesis hacen referencia al aureus.

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Denario republicano, Año 49 a.C. Depósito de Neupotz. Es la pieza más antigua de todas las monedas halladas

 

Este sistema subsistió hasta mediados del siglo III d.C. a pesar de las fluctuaciones del peso y de la degradación de las aleaciones. El año 214/15, bajo el reinado del emperador Caracalla (211 – 217), se amplió con el antoninianus, teóricamente un doble denario, pero en realidad sólo 1,5 veces. En los años 60 del siglo III, tan agitado por la crisis, esta estructura se colapsó. El antoniniano se devaluó hasta convertirse en mera calderilla de cobre o de aleación de cobre. Esta caída político-monetaria, a primera vista reconocible por el enorme aumento de valores nominales de plata en circulación, que sigue a un abismal descenso de su ley, surge ya durante el reinado del emperador Cómmodo (180 – 192), se acelera tras los años de la guerra civil (192 – 196) y alcanza su punto culminante con la aparición del Imperio galo (260 – 274). La reforma monetaria del emperador Diocleciano (284 – 305) en el año 294 intenta reestructurar el sistema trimetálico que había existido hasta la fecha. Pero en realidad a partir de este momento la circulación monetaria diaria la conforman sólo los valores acuñados con cobre.

Algo menos de dos décadas atrás, el contenido del Tesoro de Neupotz fue robado en su totalidad por los germanos, para hundirse en el Rin durante el regreso a casa. Esto sucedió aparentemente en la segunda mitad de la octava década del siglo III, siendo el único elemento decisivo para la estimación de esta cronología absoluta la moneda de Probo (276-282) adscrita a este hallazgo. La fecha exacta de acuñación, el año 277, se basa en la ordenación de las emisiones de este emperador realizada por la investigación numismática y no es por tanto incuestionable.

 Por la historiografía romana no contemporánea a él, se sabe que Probo luchó en los años 275 – 278 contra algunas tribus germánicas que iban hacia la Galia y que las forzó a salir de las fronteras del imperio. Cuentan los cronistas de la época que murieron 400.000 de los bárbaros saqueadores y que el victorioso emperador liberó tierras y asentamientos ocupados y se apoderó de todo el botín de los merodeadores.

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El reciclaje como camino para el reparto del botín

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Escenografía de la exposicion donde se muestra cómo se partían y reciclaban las piezas

Hay algunos aspectos muy interesantes en los conjuntos que podemos ver en la exposición El tesoro de los Barbaros que se encuentra en el MARQ como son el modo de realizar las particiones del tesoro y las primeras señas de reciclaje. Es común a todos estos conjuntos que una parte de los objetos de metal fue cortada en trozos de una manera relativamente descuidada. En el Tesoro de Hagenbach, por ejemplo, toda la vajilla de plata que contiene está partida en trozos. Numerosos anillos y joyas se manejaron sin cuidado, e incluso las placas votivas aparecían cogidas con un brazalete, bien apretujadas. A través de los donantes que aparecen en las hojas de palma, como Andossus, hijo de Obbelexx, se deduce claramente que en buena parte se trata del producto del saqueo de un santuario de Marte en Aquitania. Con ello se muestra también el amplio radio de las expediciones de saqueo de los alamanes.

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Sabes lo que eran las Authepsae?

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Imagen de una de las authepsae del Tesoro de Neupotz

Una pieza singular que aparece de forma frecuente en los tesoros que pueden verse en la exposición El Tesoro de los Bárbaros que se expone en el MARQ tiene relación con la tarea de calentar el vino. Mezclar el vino con agua caliente (calda) al gusto cada uno era, según la apreciación de los autores antiguos, una costumbre específicamente romana. Por el contrario, los griegos utilizaban también agua enfriada (frigida) o nieve. Para calentarla, los romanos hacían uso de calentadores de agua (authepsa) desarrollados para este único fin. Su funcionamiento sigue el principio del samovar y se calentaban también con carbón.

Durante mucho tiempo, la investigación se ha venido interrogando acerca de la función de esta jarra para hervir agua con tapa articulada, de la que se conocen varios modelos desde tiempos de Augusto, hasta que se llegó a la conclusión correcta a partir de los sedimentos de cal de sus paredes interiores: estos recipientes se utilizaban en la antigüedad como hervidores con silbato, y a fecha de hoy aún existen jarras de cobre hechas a mano muy similares y con el mismo uso en Oriente y en los Balcanes.

Los hervidores eran la alternativa económica a las muy costosas authepsae, aunque requerían un fuego y tenían que ser llevadas de un sitio para otro. La jarra que se encuentra en el tesoro de Neupotz presenta como particularidad un aplique de asa que no está unido a la pared del recipiente y protege del sobrecalentamiento del contenido. La tapa articulada, por contra, evita la rápida pérdida de calor del agua.

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Detalle del asa decorada de una de las authepsae del tesoro de Neupotz

La única jarra de vino del depósito no apareció sola en el botín, sino junto al hervidor, lo que indica que ambas provenían del mismo hogar. Una serie de hallazgos confirman que ambas se complementan perfectamente en la mesa como recipientes para la bebida, pues funcionalmente se necesitan una a otra.

Debido al tipo de asa que presentan, los hervidores estaban expuestos en principio a un deterioro muy rápido. La jarra de vino parece el más antiguo de los dos recipientes, como demuestra su mayor desgaste. Las jarras articuladas de esta forma permiten echar una mirada retrospectiva a una larga historia de desarrollo que se puede seguir desde Grecia hasta Italia y que continúa todavía en la tardo-antigüedad.

En el siglo II constituyen el modelo de más éxito en las provincias del noroeste.

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