De las lujosas mesas romanas a manos bárbaras

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Vajilla de plata, Siglos I-III, Depósito de Neupotz

A través de su expansión territorial, los romanos entraron en contacto con los artículos de lujo del mundo helenístico. Poseer vajillas de gran valor se puso de moda en las casas romanas de mayor nivel, más tarde también en las provincias del norte. Las vajillas de lujo estaban fabricadas en plata o, para dar la impresión de un alto valor, en bronce plateado o estañado.

Los platos de plata o de bronce conforman más de un tercio de la vajilla de mesa encontrada en el depósito de Neupotz. Entre ellos hay cuatro platos de plata, dos de estaño, 28 de bronce estañado y dos platos de bronce sin forrar. El plato de plata más grande, con 45 cm de diámetro, presenta una elaborada decoración de hojas de vid. La pieza está partida por la mitad y en la parte inferior aún se conservan claros restos de los golpes. Se trata de un buen ejemplo de cómo se hacía el reparto del botín, pues para los saqueadores germanos sólo era importante el valor material de los recipientes de plata, no el alto valor artístico del propio recipiente. Se han encontrado piezas similares en el depósito de Lingenfeld y en Brazey-en-Plaine, situado en la región central de Francia. En el depósito de Neupotz hay una gran cantidad de platos de bronce cuyo interior está recubierto de estaño. Tanto la técnica de fabricación como su aspecto parecen muy uniformes, por lo que es probable que en estos casos no se trate de piezas antiguas sino que se hayan fabricado en el siglo III. Los platos recuperados en Neupotz tienen un gran parecido en cuando a forma y decoración con la mayoría de las piezas encontradas en mucha mayor cantidad en Francia, lo que nos indica que se fabricaron en talleres de plata galos.

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Plato de bropnce plateado, Primera mitad del siglo III, Depósito de Neupotz

El carácter representativo es muy importante en lo que se refiere al uso de la vajilla de plata, pues con ella, o con la de bronce osentosamente decorada, se intentaba demostrar que uno podía permitirse tener objetos de gran valor. El antiguo escritor Petronio narra en su Satiricón que el otrora esclavo Trimalción, que ahora nada en la opulencia, da un gran valor a la plata de mesa adornada con escenas mitológicas para ser aceptado en la sociedad. Pero no tenía ni idea de qué trataban ni de por qué eran tan importantes las escenas allí representadas; con la propiedad de piezas de mucho valor él solo quería ganar prestigio en la distinguida sociedad romana.

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