De las lujosas mesas romanas a manos bárbaras

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Vajilla de plata, Siglos I-III, Depósito de Neupotz

A través de su expansión territorial, los romanos entraron en contacto con los artículos de lujo del mundo helenístico. Poseer vajillas de gran valor se puso de moda en las casas romanas de mayor nivel, más tarde también en las provincias del norte. Las vajillas de lujo estaban fabricadas en plata o, para dar la impresión de un alto valor, en bronce plateado o estañado. Continuar leyendo “De las lujosas mesas romanas a manos bárbaras”

El esplendor de Roma antes de la crisis del siglo III

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Detalle de la columna de Igel (reconstrucción). Primera mitad del siglo III

Cuenta Suetonio que Octavio, tras su victoria sobre Cleopatra VII (69 – 30 d.C.), se hizo con los enseres reales y también con la valiosa vajilla de mesa, pero que hizo fundir los recipientes de oro. Como podemos saber por un pasaje de Plutarco, entre ellos se incluyen objetos preciosos de gran antigüedad y valor artístico. ¿Da el vencedor del último de los reinos helenísticos orientales con este hecho una muestra de la mucho más agobiante superioridad moral de Roma y manifiesta así su repugnancia por la pretendida decadencia oriental de la última reina ptolemaica? Continuar leyendo “El esplendor de Roma antes de la crisis del siglo III”

Medidas económicas para la crisis del Imperio en el siglo III

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Antoniniano de Heliogábalo, Ceca de Roma años 218-22 d.C., Depósito de Neupotz

La exposición El tesoro de los Bárbaros también no sólo muestra objetos metálicos procedentes de los saqueos en la Galia romana. También se sustrajeron monedas, auténticos tesoros custodiados en las villas y que acabaron formando parte de los tesoros que pueden verse en el MARQ. Estas monedas nos ofrecen una informacion muy interesante de los cambios económicos que los gobiernos abordan para paliar la enorem crisis que se produce durante el siglo III. pero vayamos antes un pcoco más atrás.

En el año 23 a.C., el emperador Augusto (27 a.C. – 14 d.C.) impulsó la reorganización de las amonedaciones romanas, que por entonces contaban ya con unos trescientos años, y con ella de todas las finanzas, que se hallaban en muy mala situación como consecuencia de las turbulencias interiores y exteriores durante la República tardía. La emisión de monedas de bronce en especial cesó durante un largo periodo de tiempo. Como consecuencia de la reforma, se dispuso un sistema monetario en los tres metales: aurum (oro), argentum (plata) y aes (cobre y aleaciones de cobre). En oro se acuñaron el aureus y su mitad, el quinarius aureus (2), en plata el denarius (25) y su mitad, el quinarius (50). La emisión de ases se compone de tres valores nominales de latón (oricalco), el sestertius (100), el dupondius (200) y el semis (800), y de dos de cobre, el as (400) y el quadrans (1600). Todas las monedas se interrelacionan en un patrón de cambio fijo. Las cantidades que aparecen entre paréntesis hacen referencia al aureus.

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Denario republicano, Año 49 a.C. Depósito de Neupotz. Es la pieza más antigua de todas las monedas halladas

 

Este sistema subsistió hasta mediados del siglo III d.C. a pesar de las fluctuaciones del peso y de la degradación de las aleaciones. El año 214/15, bajo el reinado del emperador Caracalla (211 – 217), se amplió con el antoninianus, teóricamente un doble denario, pero en realidad sólo 1,5 veces. En los años 60 del siglo III, tan agitado por la crisis, esta estructura se colapsó. El antoniniano se devaluó hasta convertirse en mera calderilla de cobre o de aleación de cobre. Esta caída político-monetaria, a primera vista reconocible por el enorme aumento de valores nominales de plata en circulación, que sigue a un abismal descenso de su ley, surge ya durante el reinado del emperador Cómmodo (180 – 192), se acelera tras los años de la guerra civil (192 – 196) y alcanza su punto culminante con la aparición del Imperio galo (260 – 274). La reforma monetaria del emperador Diocleciano (284 – 305) en el año 294 intenta reestructurar el sistema trimetálico que había existido hasta la fecha. Pero en realidad a partir de este momento la circulación monetaria diaria la conforman sólo los valores acuñados con cobre.

Algo menos de dos décadas atrás, el contenido del Tesoro de Neupotz fue robado en su totalidad por los germanos, para hundirse en el Rin durante el regreso a casa. Esto sucedió aparentemente en la segunda mitad de la octava década del siglo III, siendo el único elemento decisivo para la estimación de esta cronología absoluta la moneda de Probo (276-282) adscrita a este hallazgo. La fecha exacta de acuñación, el año 277, se basa en la ordenación de las emisiones de este emperador realizada por la investigación numismática y no es por tanto incuestionable.

 Por la historiografía romana no contemporánea a él, se sabe que Probo luchó en los años 275 – 278 contra algunas tribus germánicas que iban hacia la Galia y que las forzó a salir de las fronteras del imperio. Cuentan los cronistas de la época que murieron 400.000 de los bárbaros saqueadores y que el victorioso emperador liberó tierras y asentamientos ocupados y se apoderó de todo el botín de los merodeadores.

Las ocultaciones de bienes ante la crisis producida por los Bárbaros

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Los romanos atemorizados tendían a ocultar sus bienes para evitar los saqueos

Si algo pone de relieve la exposicion El Tesoro de los Bárbaros que puede verse en las salas del MARQ es la situación de indefensión ante los ataques de las hordas bárbaras a sus villas y haciendas.  

Precisamente en estos tiempos peligrosos, los atemorizados habitantes de las provincias romanas ponían a buen recaudo no sólo sus posesiones con su dinero y sus joyas, sino también utensilios del día a día elaborados con bronce o hierro. Los objetos de valor atesorados se depositaban a menudo en una caja o bien en un recipiente de arcilla o metal que servía de receptáculo para albergarlos.

 

Respecto al período de crisis que tuvo lugar alrededor de la mitad del siglo III. d.C. se observa un claro aumento de este tipo de depósitos. La mayoría de las veces se trata de depósitos monetales en los que llamada “moneda final” data el conjunto del tesoro hallado. Estos tesoros compuestos por bienes de propietarios son muy diferentes de los depósitos de saqueadores, como los de Neupotz y Hagenbach. En estos casos no se trata de propiedades puestas a salvo por ciudadanos romanos, sino de un botín germánico, más concretamente de un botín que se perdió al atravesar el Rin.

La crisis del siglo III en el territorio de Alicante

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Las dificultades económicas, los cambios sociales y los conflictos por la sucesión al mando del Imperio romano se reflejan en la historia romana de la actual provincia de Alicante, pero no de manera uniforme. Hay que descartar de manera rotunda la llegada de bandas de germanos saqueando el territorio. Las fuentes escritas nada dicen de ellas y la arqueología no ha probado su presencia. Estos temas se pueden ver en el MARQ en la exposicion anexa titulada El Bajo Imperio en tierras alicantinas que acompaña la exposicion El Tesoro de los Barbaros .

 

cs-3788-aEn el siglo III en las ciudades se asiste a una paralización de la monumentalización del paisaje urbano. No hay, como en el siglo precedente inversiones en la edificación o reparación de edificios públicos por las élites urbanas y magistrados que desertan, como en otras partes del Imperio de sus obligaciones en pro de la comunidad. En algún caso en Ilici se producen deterioros en las infraestructuras (alcantarillas o cisternas) pero no se trata de un fenómeno generalizado. En La Vila Joiosa (¿Allon?) se mantienen en uso las termas, construidas a finales del siglo I, hasta el siglo IV. En el Portus Iicitanus hay reducción pero en absoluto paralización de la actividad comercial. En Dianium, la continuidad de la producción anfórica, para el envasado del vino local, y de materiales de construcción en el siglo III indica vitalidad de sus bases económicas. En esta centuria como contrapunto al desinterés por parte de los sectores sociales pudientes hacia la ciudad, estas invierten en sus propiedades rurales dotándolas de extraordinarios elementos de rica ornamentación y comodidades.

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Es el caso de la villa de Xauxelles en La Vila Joiosa, o en las que se levantaron al pie del Peñón de Ifach en Calpe que continúan en el siglo IV. En esta centuria además se documenta una mayor vitalidad en en Ilici y en el Portus Ilicitanus. La producción agrícola (aceite) se muestra activa con instalaciones como la de Canyada Joana en Crevillente y crecen otras lujosas villas como la descubierta en Algorós (Camp d’Elx) o en la residencia pavimentada con mosaicos en el Portus Ilicitanus.

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Asimismo, en la propia Ilici, probablemente a mediados del siglo IV se construye una basílica cristiana, lo que es indicio de una aristocracia convertida que puede costear un nuevo edificio en la vieja ciudad romana (hay que tener en cuenta que en este momento, el cristianismo está tolerado pero no es religión oficial, como ocurrirá a partir del 395).

La crisis del siglo III azotó el Imperio Romano

mapaPosiblemente el Bajo Imperio sea uno de los períodos de mayor inestabilidad en la Historia de Roma. La llamada crisis del siglo III tuvo su origen en contradicciones internas que transformaron el antiguo modelo económico del Imperio y debilitaron la estructura de su poderoso estado. Tal vez, el grave conflicto político sea una de las manifestaciones externas más visible, ya que las incesantes luchas por el poder terminaron por instaurar formas de gobierno como la “Anarquía Militar” (235-294 dC).

Las Provincias del Imperio no fueron ajenas a estos cambios y el alto grado de romanización y dependencia de Hispania la hicieron especialmente sensible. Las fuentes escritas poco pueden ayudarnos a entender lo acontecido fuera de Roma, centradas en narrar la sucesión de emperadores y usurpadores, en ellas sólo encontramos algunas referencias a la Península en relación con las incursiones de los pueblos bárbaros y su supuesto ataque a la ciudad de Tarraco.

En el registro arqueológico son las transformaciones en el paisaje urbano lo que caracterizará el periodo. La reducción de los perímetros, la ausencia evergetismo o la reutilización de gran parte del material constructivo, le dieron a la ciudad del Bajo Imperio un manifiesto aspecto de decadencia. Sin embargo, excavaciones recientes en importantes centros hispanos como: Tarraco, Barcino, Emerita Augusta, Corduba, Caesaraugusta, Valentia o Illerda, reflejan en sus hallazgos un significativo mantenimiento de la vida urbana y de su actividad económica y comercial. Es cierto que las ciudades ya no cuentan con el esplendor que tuvieron siglos atrás pero su existencia y función sí se prolongarán en el tiempo, sobreviviendo esta centuria y llegando en su mayoría a perdurar hasta por lo menos el 711.